Esta dulce historia, presenta a la motivación extrínseca, intrínseca y trascendente, de una manera muy azucarada.
En la final de un concurso de reposteras, se enfrentaban tres grandes de las mismas, compitiendo por el título de “Repostera del pueblo”.
Es un concurso muy antiguo, aunque ya habían pasado muchos años sin que se realizara. El premio, era la ayuda para poner una tienda propia en el pueblo y el gran reconocimiento por parte de la gente que lo habita.
Para la gran final, se les solicitó a las participantes, realizar el mejor de los postres. La presentación del mismo, debería incluir la explicación, de por qué consideran que dicho postre es el mejor. La ejecución, junto con el sabor y la historia del postre, darían como resultado a una ganadora. El calor, el entusiasmo y los aplausos de los presentes, darían el triunfo sobre una delicia.
Todo el pueblo estaba reunido, a la expectativa de conocer qué postre elegiría cada una. Había murmullos cargados de sospechas, pero nadie sabía con exactitud la respuesta.
Se dio por iniciada la competencia, el público se emocionó, la música comenzó a sonar, y las reposteras comenzaron a desfilar con un sinfín de ingredientes, a paso más que veloz.
En las mesas, las participantes mezclaban y tiraban azúcar, calentaban los hornos y probaban lo que tenían en la cuchara.
Finalmente, después de un rato, se dio la señal que indicaba que todas debían ya terminar. Ahí, frente a todos, comenzaron las presentaciones.
La primera repostera, presentó una canasta de galletas con chispas de chocolates. La canasta, tenía galletas suficientes para todo el pueblo, sin embargo la gente estaba desesperada por tomar una. Para su presentación, dijo lo siguiente;
“Elegí la famosa galleta con chispas de chocolate. Es la galleta más vendida en el mundo. No tengo duda, que mi pastelería siempre estaría llena de galletas y formaría una fortuna gracias a ella. Es por ello que la elegí.”
El pueblo se puso de pie, su explicación y las galletas, eran tan buenas, que se mostraban sin interés hacia las otras participantes. Se escuchaban los aplausos, cuando el juez le dio la palabra a la siguiente concursante.
Ella, había preparado un pay relleno de frutas y crema. Hubo un silencio entre los asistentes, entonces ella, les pidió que olvidaran la imagen del pay y que esperaran a degustarlo y añadió;
“Un postre emblemático para mí, es este pay. Por fuera parece soso, no es muy atractivo visualmente, pero su verdadero poder está en su relleno. Está relleno de la receta secreta de una crema mezclada con frutas. Todo su potencial está dentro. Una vez que lo pruebas, descubres que lo mejor es lo que hay escondido”.
Incrédulo, el pueblo comenzó a probarlo. ¡Y qué sorpresa se llevaron! Efectivamente, el relleno era sorprendente. Cada bocado llevaba a una aventura de sabores difícil de explicar. La tan amada galleta de chocolate, había quedado un poco de lado.
Justo antes de concluir el concurso, se presentó la tercera repostera. Consigo traía un pastel misterioso y muy sencillo. Un pastel de tres leches. Común y nada impactante. Con las palabras tambaleantes, dijo;
“Mi pastel, quizás no sea el más vendido, ni tenga un relleno sorprendente. Mi postre es lo que ven, un pastel de tres leches. Pero no es cualquier pastel, está hecho basado en las recetas, de todas las abuelas del pueblo. Escogí de cada una de ellas, lo mejor y como resultado tengo este pastel. El pastel forma parte de la historia del pueblo, tiene un poco de todos nosotros y si me lo permiten, la receta trascenderá de generación en generación. Además, con una receta tan particular, no puede haber más que sabores mágicos que llenen de recuerdos y sorpresas su paladar. Espero que les guste…”
Sorprendidos por la explicación, comenzaron a probar, a cucharadas el misterioso pastel. Un clásico de los postres, estaba representando la historia y el bagaje de todo el pueblo. Poco a poco, comenzaron a descubrir los detalles que la repostera había tomado de cada abuela.
Era un pastel delicioso, lleno de magia y de sabor. Pero lo más impactante, es que encendía una chispa de felicidad en quienes lo probaban. Cada uno sentía que su familia estaba representada en ese postre, como si una parte les perteneciera.
Los momentos antes de la mención del postre y la historia ganadoras, transcurrieron en silencio. Llegado el momento, el juez representante pidió rondas de aplausos para cada concursante.
Fue impactante como, hasta las propias concursantes, le dieron el título de vencedor al pastel local de tres leches. Aquel pastel, había dejado huella entre los participantes. Era excepcional, irradiaba amor y sobretodo, entregaba una parte de cada uno a quien lo probaba.
Y después, los habitantes de dicho pueblo, con gusto ayudaron a montar un negocio. Fue un negocio próspero económicamente, pero más que ello, era una pastelería en la que todos sentían que lo que se horneaba, compartían lo mejor del pueblo.