¡Equipo mexicano de natación rumbo a Tokio 2020!

Durante nuestra vida, pasamos mucho tiempo dentro de las aulas. Crecimos ahí, las aulas han visto un sinfín de etapas, sentimientos y cambios en quienes las han habitado. Como mínimo, estamos en ellas aproximadamente 35 horas a la semana, ¡imagínense! Es por ello, que radica en ellas una responsabilidad tremenda para el crecimiento.

El salón de clases es uno de los contactos con la formación personal de mayor impacto para nosotros.

Habiendo dicho esto, como docentes es importante encontrar la manera de formar seres integrales y listos para la resolución de problemas a los que van a enfrentarse en un futuro.

Para ello, debemos fomentar una visión de unidad, libre de egos y con una relación de confianza entre los huéspedes del aula. La sinergia entre estas tres directrices, darán como resultado, la creación de un grupo exitoso. Se trata de vernos a todos como uno mismo, dispuestos a ayudarnos unos a otros, sin miedo a cometer errores y aprendiendo de los que están a los lados.

Si logramos conformar esta unidad, motivaremos a dichos huéspedes a sentirse en un ambiente cómodo y enriquecedor para generar nuevos aprendizajes.

Para entenderlo un poco mejor, supongamos que formamos parte del equipo de natación mexicano, en donde compiten en relevos. Nuestro equipo está formado por excelentes nadadores, cada uno con fortalezas, debilidades, oportunidades y riesgos diferentes, pero juntos están en las clasificatorias rumbo a las Olimpiadas de Tokio.

El equipo recién incorporó a un nuevo entrenador, por lo que la directiva nacional, está nerviosa por ver qué aportaciones y resultados se tendrán.

El éxito o el fracaso, serán determinados por la motivación que promueva el nuevo entrenador y por la integración y el desempeño de los integrantes.

El mensaje del nuevo entrenador, es el siguiente:

“El equipo, no debe preocuparse por quién tuvo mejor o peor tiempo, sino que ocuparse de desempeñarse lo mejor posible para resanar fallas, alentarse y crear una red de apoyo para alcanzar el triunfo deseado.

De lograrlo, estaremos frente a un equipo de natación en camino directo a las olimpiadas de Tokio en el 2020.”

Además, el entrenador ha compartido que ninguno de ellos es incapaz, y ha buscado resarcir las malas experiencias que los nadadores tuvieron con otros entrenadores, en donde, en lugar de motivarlos, recalcaban las fallas y moldeaban nadadores idénticos en lugar de nadadores destacados, cada quien en su especialidad o estilo de nado.

Con este entrenador, el equipo se siente contento de asistir a los entrenamientos, de aprender nuevos estilos, de fortalecerse en lo que observan son buenos de manera individual y, en reparar en lo que sienten que pueden mejorar como equipo.  No ha habido quejas por parte de ellos antes los arduos entrenamientos, sino que por el contrario se han escuchado comentarios positivos y se ha notado mucho, la energía para continuar.

Como resultado, ¡el equipo ha clasificado a las Olimpiadas de Tokio en el 2020!

Este ejemplo, nos comparte una historia de éxito. Y el aula, debería ser un detonador de historias de éxito, de éxito personal, cada quien a su manera y a su ritmo. Algo así como cada uno en su olimpiada.

Cada uno de los rasgos del entrenador, son el lado bueno de la moneda, y todo lo que se menciona que el entrenador ha evitado o modificado, hace mención al lado oscuro que podría conducir al fracaso.

Quisiera plantear esta pregunta:

Siendo entrenador, ¿cómo conduces a tu equipo a las Olimpiadas?

A ti entrenador, te invito a no ser piedra de tropiezo para tu equipo, te invito a ser un escalón para alcanzar sus metas, que sea en tu aula en donde se formen los siguientes impulsores de cambio, porque ¡claro que se vale soñar con tener un equipo de natación mexicano en las Olimpiadas!

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